Según algunos investigadores de la UNAM, esto sucede cuando comemos de manera muy abundante. Al hacerlo, la glucosa que está en la sangre se va hacia el sistema nervioso, e inhibe la actividad de células que tenemos en una estructura que tenemos en el cerebro llamado hipotálamo lateral.
Allí hay unas neuronas llamadas orexinérgicas, y cuando hay glucosa en sangre, estas células dejan de disparar su frecuencia, su actividad disminuye y eso facilita que se instale esa sensación de tranquilidad y de quedarnos dormidos.
Entrar en este estado realmente no es malo, de hecho, se trata de un estado fisiológico que debería cumplirse, pero a veces es necesario evitarlo, sobre todo si después tenemos diversas actividades como manejar, ir a clase, regresar a la oficina o aquellas que impliquen agilidad mental y física.
Por estas razones, la mayoría tratamos de evitarlo, para ello lo ideal sería no comer tan abundante. Por ejemplo, puedes consumir en pocas cantidades, hasta que te sientas realmente satisfecho. Esto evitará que la glucosa incremente y te dé el mal del puerco.
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